Tuesday, August 25, 2015

Mictlantecuhtli

Mictlantecuhtli, représenté à gauche avec la bouche grande ouverte pour avaler ceux qui ne sont pas morts en héros. À son opposé, se trouve Quetzalcoatl le dieu créateur de l'humanité, à droite. Chez les Aztèques, les dieux de la vie et de la mort sont des jumeaux indissociables (Codex Borgia p.56)


Dans la mythologie aztèque, Mictlantecuhtli est le dieu de la mort. Son nom signifie "seigneur du Mictlan", le domaine de la mort, le lieu le plus bas de l'inframonde. Selon un des mythes de la création du monde, c'est là que Tezcatlipoca et Quetzalcoatl l'ont enfermé en mettant en ordre les éléments. Comme principal dieu de la mort, le culte de Mictlantecuhtli était particulièrement important et impliquait des sacrifices humains et des actes de cannibalisme.

Mictlantecuhtli est aussi appelé « Tzontemoc »[1] (du nahuatl «tzontli» (cheveux) et de «temoc» (descendre)). Dans le commentaire du Codex Vaticanus A, l'expression est traduite par « celui qui descend du ciel avec la tête en bas ». Cette appellation serait liée au fait que Mictlantecuhli faisait partie des divinités expulsées de Tamoanchan et se serait enfoncé dans la terre la tête la première.

Sa représentation typique est un squelette couvert de taches jaunes et rouges représentant des restes de chair. Bien que sa tête soit un crâne, il a une langue, des dents, des gencives et des yeux. Sa gueule est toujours béante, prête à avaler les étoiles qui se couchent pendant la journée, et les hommes qui viennent à mourir. Il a également des oreilles, ornées de pendants en restes humains (des mains ou des os). Il est souvent dépeint avec un grand plumail et des sandales, signes de son rang de seigneur des enfers.

Dans le calendrier divinatoire aztèque (tonalpohualli en nahuatl), Mictlantecuhtli préside au jour «chien», à la partie nocturne du cinquième jour et à la partie diurne du sixième jour, pour laquelle il est associé à la chouette. Il préside en outre à la dixième treizaine avec Tonatiuh.

Mictlantecuhtli est un des protagonistes du mythe de la création des hommes, tel que rapporté de façon fort détaillée dans «La Leyenda de los Soles» qui fait partie du Codex Chimalpopoca. Les dieux s'étant concertés, ils décidèrent d'envoyer Quetzalcoatl au Mictlan récupérer les os des humains des créations précédentes. Quetzalcoatl se présenta devant Mictlantecuhtli et lui demanda les «os précieux» pour «faire avec eux ceux qui habiteront sur la terre»[3]. Mictlantecuhtli acquiesça à condition que Quetzalcoatl se soumette à une épreuve: il devait souffler dans une conque sans trous. Quetzalcoatl fit appel à des vers qui percèrent des trous dans la conque et à des abeilles qui la firent sonner. Mictlantecuhtli dit à Quetzalcoatl de prendre les os puis se ravisa. Quetzalcoatl s'étant enfui, Mictlantecuhtli ordonna à ses serviteurs d'aller creuser un trou dans lequel Quetzalcoatl tomba. Les os se brisèrent, mais Quetzalcoatl les ramassa et les ramena à Tamoanchan, où ils furent moulus. Quetzalcoatl fit ensuite couler sur eux le sang de son sexe. Les autres dieux présents firent de même et de cette «pénitence» naquirent «les serviteurs des dieux»[4], c'est-à-dire l'humanité actuelle.
Le même mythe est raconté de manière plus succincte dans l' «Histoyre du Mechique» d'André Thévet. Dans cette version, Mictlantecuhtli ne donne à Quetzalcoatl qu'un «os de la largeur d'une aune» qui était «la chose à laquelle il tenait plus qu'à tout»[5]. Il le regrette aussitôt et poursuit Quetzalcoatl. Au cours de la poursuite, l'os se brise, ce qui explique selon le manuscrit que les hommes actuels soient plus petits que les géants de la première création.


Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl

Cē Ācatl Tōpīltzin (en náhuatl 'Uno Caña Nuestro Venerable Señor')

hacia los trece años fue estudiante en la ciudad de Xōchicalco. En el 925 lo eligieron rey en Tula.[Nota 2] Poco después fue "tentado" por el dios Tezcatlipōca, motivo por el cual le expulsaron del reino. Peregrinó por Ānahuac. Hacia el 981 fue recibido por el rey maya Ulil en las ciudades de Chichén Itzá y Uxmal. Regresó al Altiplano de México y radicó en la ciudad de Cholula, donde se dedicó al trabajo pedagógico. En 947 se dirigió a la ciudad de Hueitlapala o Huehuetlapallan, cercana a la actual Coatzacoalcos, donde se embarco en una "balsa de serpientes" y allí se autoincineró.[4]
Debido a la nobleza de su vida y enseñanzas, sus descendientes le nombraron Nacxitl Quetzalcōātl, 'cuarto paso de la serpiente emplumada' o Mocōnetzín 'el hijo del maguey'. Tōlpīltzin definió el canon del saber tōltēca, recogido en diversos documentos, principalmente en el libro oral Huēhuehtlahtōlli, 'antiguas palabras', conservado a través de las transcripciones de Olmos y Bernardino de Sahagún.
La enseñanza de Tōlpīltzin se recoge en el siguiente verso del Códice Matritense: «Dios es uno, Quetzalcóātl es Su nombre. Nada pide, sólo serpientes y mariposas le ofreceréis».

Otra interpretación

Según la leyenda éste fue el rey sacerdote de la ciudad de Tollan en el siglo X de nuestra era. Tollan-Xicocotitlan (Tula) era la capital de la cultura tōltēca. Él era el principal sacerdote del dios Quetzalcóātl, y tomó de los dioses las artes y ciencias para darlas a los hombres. Sustituyó el sacrificio humano por el de aves, mariposas y otros insectos. Después de verse en un espejo que le mostró Tezcatlipōca, consideró que su rostro era horrible, por lo que se dejó crecer la barba y posteriormente comezó a usar una máscara.
Cē Ácatl Tōlpīltzin es considerado como representación de dicha divinidad en la tierra, por lo que lleva una vida ejemplar y casta. Si embargo, no todos los habitantes de Tollan-Xicocotitlan lo ven con buenos ojos y comienza a tener enfrentamientos con los adoradores de Tezcatlipōca, y son ellos, por medio de engaños, quienes hacen que se embriague y falte a su celibato. Debido a su terrible falta, Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl debe abdicar y partir exiliado, junto con sus seguidores, a la Península de Yucatán y a los países de Mesoamérica, no sin antes haber prometido su regreso.

Legado de Cē Ácatl Tōlpīltzin

Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl, según cuenta la leyenda, no muere en el exilio, sino que se embarca de nuevo en las costas del Golfo y desaparece en las aguas, convirtiéndose en "la estrella de la mañana", Venus. Ce Acatl prometió regresar en cierta fecha del Xiuhpohualli que coincidió con la llegada de los españoles en el año de 1518, lo cual atemorizó a los mexicas, que se consideraban herederos de la cultura tolteca, a pesar de haber alterado sus enseñanzas. De acuerdo al libro de Jorge Larde y Larin, El Salvador: descubrimiento, conquista y colonización, "En los albores de 1520 el capitán Hernán Cortés permanecía aparentemente victorioso en Tenochtitlan, pues ocupaba en paz y sosiego la capital de los tenochcas, mexicas o aztecas y retenía prisionero a Moctezuma Xocoyotzin, el huey tlatoani o emperador de aquella nación. A su real o campamento militar llegaron unos nobles emisarios enviados por los señores de Huehuetlapallan o Antigua Tlapallan, un misterioso país oriental ubicado en la región del lago sagrado de Güija, de donde, según todas las tradiciones, leyendas y pinturas antiguas, dimanaron las altas culturas precolombinas de América invocadoras de Quetzalcōātl, el Lucero de la Aurora".
Cē Ácatl Tōlpīltzin Quetzalcóātl a aparece en muchas de las culturas, leyendas y tradiciones en los países mesoaméricanos, reconociéndolo como aquel que edificó, reconstruyó y glorificó muchas ciudades o centros ceremoniales de Mesoamérica durante su exilio.

Cem Ānáhuac


De Wikipedia, la enciclopedia libre

Cem Ānáhuac (pronunciado originalmente [sem.aːˈna.wak]) es el nombre dado por la civilización mexica, a la extensión territorial conocida antes de la invasión y conquista de México a manos de Hernán Cortés y la llegada de los europeos a América. Semánticamente, corresponde a dicho continente, sin embargo, técnica e históricamente sólo se lo hace corresponder al territorio conocido por el pueblo mexica hasta ese momento.

Se trata de un nombre náhuatl derivado de las palabras "cem" (totalmente) y "Ānáhuac", que a su vez deriva de las palabras "atl" (agua) y "nahuac" (locativo que significa "circunvalado o rodeado"). Literalmente puede traducirse como "tierra completamente rodeada por agua", o más formalmente: "[la] totalidad [de lo que está] junto a las aguas".
Esta expresión hace referencia a la conciencia continental que ya tenían los Mexicas frente al territorio americano, el cual es rodeado por dos masas de agua importantes u océanos: el Atlántico y el Pacífico.

Derivado de Cem Ānáhuac, los antiguos pobladores de la Cuenca de México utilizaban el gentilicio ānahuacah para referirse a los habitantes del mismo. Para distinguir a las distintas naciones que habitaban en dicho lugar: daban distintas denominaciones tales como: 'ānahuacah maya', 'ānahuacah zapotecah', 'anahuacah mexicah' y así sucesivamente[1]

Cihuatlampa


Cihuatlampa (en náhuatl: cihuatlampa, ‘desde el lugar de las mujeres’cihuatl, mujer; titlan, lugar; pam, desde’)? en la mitología mexica es el poniente, el punto cardinal del Este, ya que se creía que las mujeres que morían durante el parto, iban al cielo al lugar donde se pone el sol. Por lo que al dios del viento del Este o poniente le llamaban Cihuatlampa-Ehécatl o Cihuatecayotl, "viento de donde habitan las mujeres", según Sahagún, no es furioso, pero es frío, hace temblar y tiritar, y con él bien se navega.[2]
Entre otros seres que habitaban ese lugar, eran los Tomamacpalitotique, de los cuales eran hechiceros, ladrones que también procuraban robarse el cadáver para cortarle el brazo izquierdo con la mano, porque para hacer sus encantamientos decía "que tenía virtud el brazo y la mano para quitar el ánimo de los que estaban en la casa donde iban a hurtar, pues de tal manera los desmayaban, que ni podían menearse, ni hablar, aunque veían lo que pasaba". Aun cuando la muerte de estas mujeres entristecía y hacía derramar llanto a las parteras, sin embargo, los padres y parientes de ellas se alegraban, porque decía que no iban al infierno del Mictlán, sino a la casa del Sol, y que éste, por ser valiente, las había llevado para sí; y por eso también se les llamaban Mocihuaquetzque "mujeres valientes que se levantan".

Mictlampa



Mictlampa (en náhuatl: mictlampa, ‘desde el lugar de los muertos’micqui, muerto; titlan, lugar; pam, desde’)? en la mitología mexica es el Norte, el lugar obscuro de la eterna quietud y descanso, desde el Mictlampa nos asisten nuestros ancestros que forjaron nuestra Cultura, de los cuales dan su consejo para lograr trascender en esta vida de la cual somos sujetos.[2]
Ubicado al punto cardinal del Norte, era el rumbo que se encontraba al último vado del inframundo, después de que los viajeros muertos eran devorados por la lagartija Xochitónal, sus almas emergen para tener una vida plena y eterna, haciendo las cosas que hacían en la vida terrena, este paisaje era un lugar poco desolador, pero se compensaba por la eternidad, aunque Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl reinaban este sitio, era Tezcatlipoca el que tenía la última palabra acerca de lo que pasaba o no en este lugar.

Huitztlampa


Huitztlampa. En la mitología mexica es el punto cardinal del Sur, en el mediodía, donde se refugiaron los Centzon Huitznahuac, los hijos de Coatlicue, y hermanos del dios de la guerra, cuando combatieron contra él pues por haberse refugiado en aquel lugar pusieron el Sur desde aquel tiempo, un sitio de predilección para la familia de Huitzilopochtli y para las estrellas del sur.[2]
Borunda, enigmático, confuso y extravagante, se interpreta este punto cardinal, relacionado con el pueblo Huitzilac y la morada del mismo dios del viento del sur llamado Huitztlampaehécatl, del pa "acaba", tlami "espina", uitztli "saliendo de allí dulce tal bebida (el pulque)", se agria cuando pasa a la temperatura caliente, lugar que comenzaba en Cuernavaca.

Tlahuiztlampa

Page 49 of the Codex Borgia. |Source=1898 facsimile edition, online at [http://www.famsi.org/research/loubat/ FAMSI.org] |Date=Pre-Columbian |Author=unknown }}

Tlahuiztlampa, hemisferio del Este con sus respectivos árboles, templos, patrones y símbolos adivinatorios.
Tlahuiztlampa (en náhuatl: tlahuiztlampa, ‘direccion del lugar del amanecer’tlahuizcalli, el amanecer; tlan, lugar; pa, sireccion’) en la mitología mexica es el punto cardinal del Oriente, en el oriente se recibe el consejo de los ancestros, y es a través de ellos que se conectan con Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que aprendió a volar por medio de la sabiduría preciosa, éste guardián del Tlahuiztlampa, el oriente, se erige como el carrizo a fin de ascender toda su energía creadora hasta los mundos suprasensibles, lo representa el atecocolli (caracol), símbolo de la evolución constante, con el que se asiste para desarrollar la sabiduría que ha de guiar las vidas, su mayor manifestación es el rayo de luz primigenio, que muestra los misterios del universo y enseña la manera correcta de vivir para llegar a ser un verdadero macehualli (un hombre merecido) sobre esta tierra, sobre el tlalticpac, lugar donde la realidad es cambiante y perecedera del mundo.[2]