Tuesday, August 25, 2015

Los trece cielos

Codex Vaticanus 3738 A http://www.famsi.org/research/loubat/Vaticanus%203738/page_01v.jpg
(Vaticanus 3738 A)



Los trece cielos en la mitología mexica son resultado de la cabeza de Cipactli, de cuyo cuerpo los dioses han dado forma al universo. Todos estos niveles representan la región vertical del universo. Las fuerzas superiores e inferiores convergen en la tierra influenciándola; asimismo, diariamente los cuerpos celestes caen al inframundo y emergen de él, y definidos por los cuatro puntos cardinales y las fuerzas que emanan de ellos, y sostenida por un eje al centro donde convergen esas fuerzas. Sus regidores son Tezcatlipoca (Norte), Xipetótec y/o Tláloc (Este), Quetzalcóatl (Oeste), Huitzilopochtli (Sur). El centro de la tierra está gobernado por Xiuhtecuhtli (Centro), siendo el punto de unión de la tierra y del cielo, de los cuatro rumbos del mundo, el mundo superior e inferior. De esta forma, el organismo humano está inserto en el cosmos y forma parte de los cinco elementos junto con el aire, la tierra, el fuego y el agua.

Los trece cielos
Estructura del Universo
NombreMorador
1 "Donde se mueve la luna"
  • Meztli, diosa de la luna (Luna).
  • Tlazoltéotl, diosa de la lujuria y de los amores ilícitos, patrona de la incontinencia, de la lujuria, del adulterio, del sexo, de las pasiones, de la carnalidad y de las transgresiones morales.
  • Tláloc, dios del rayo, de la lluvia y de los terremotos.
  • Ehécatl, dios del viento.

Aquí se trasladan la luna y las nubes.
2 "Donde se mueven las estrellas"
Aquí se trasladan las estrellas.
3 "Donde se mueve el sol"
Morada del occidente del dios amarillo, donde se desplaza el sol hasta sumergirse en el Mictlán (Inframundo).
4 "El cielo de la estrella grande"
  • Tlahuizcalpantecuhtli, dios del amanecer (Venus matutino), el cual salía de su hogar al borde del océano que rodeaba el mundo para anunciar la llegada de Tonatiuh, el Sol. Así como el traslado de Quetzalcóatl, dios de la sabiduría, de la fertilidad, del conocimiento, de la luz y de la vida, patrón de los vientos y del día, el regidor del Oeste.

El camino del sol.
5 "Cielo que se hunde o taladra"
Aquí se trasladan los cometas y las estrellas errantes (Citlalmina).
6 "Espacio verdinegro"
  • Tezcatlipoca, dios de la providencia, de la materia, de lo invisible, de lo impalpable y de la ubicuidad, patrón de la Osa Mayor y de la noche, regidor del Norte.

Lugar donde surge y se extiende la noche.
7 "Región del azul"
  • Huitzilopochtli, dios del sol y de la voluntad, patrón de la guerra, de las tácticas bélicas, de las batallas y del fuego, regidor del Sur.

Aquí el sol muestra su rostro al amanecer.
8 "Donde crujen los cuchillos de obsidiana"
Lugar de las tempestades; Morada celeste del dios de la muerte donde nace la oscuridad.
9 "Región del blanco"
  • Quetzalcóatl, dios de la vida, de la luz, de la sabiduría, de la fertilidad y del conocimiento, patrón de los vientos y del día, regidor del Oeste.
  • Tzitzimime, espíritus estelares.

Morada del dios blanco y de los espíritus estelares.
10 "Región del amarillo"
Morada del oriente del dios amarillo, del cual surge y se dirige al occidente.
11 "Región del rojo"
Morada del dios rojo. Cielo rojo con rayos de luz para expresar que la primera creación del mundo fue el fuego terrenal.
12 "Donde moran los dioses"
Morada de los Tezcatlipocas o los dioses creadores. Lugar eminentemente divino donde las deidades permanecen y se proyectan para estar en otros sitios, lugar donde los dioses toman rostros, y donde se enmascaran para ser otros siendo ellos mismos, lugar donde nacen, renacen y se alimentan en su calidad de seres eternos y mutantes.
13 "Lugar de la dualidad"
  • Ometecuhtli, dios protógono del sustento, de la furtividad, de lo inerte e inherente, patrón del mantenimiento y regidor del ciclo de la vida.
  • Omecíhuatl, diosa protógona del sustento, de la furtividad, de lo inerte e inherente, patrona del mantenimiento y regidora del ciclo de la vida.

Residencia de la pareja creadora, origen de toda la generación de dioses y de la creación del universo, lugar donde se concibe el principio generador de todo lo existente.








Tōnalpōhualli

El Tōnalpōhualli era el calendario ritual en el que un tōnalpōuhqui «sacerdote astrólogo» predecía los días fastos y nefastos. Esta forma de contar los días consiste en asignarle a cada tōnalli «día» un tlapōhualli «número» y un machiyōtl «signo». No es un calendario solar (como el gregoriano): un tōnalpōhualli dura 260 días (no se sabe si por el año venusiano, por el periodo de gestación humano o porque consideraran importantes al 20 y al 13).

Números

A los días se les asigna un número del 1 al 13. Repasemos:
  • 1: Cē
  • 2: Ōme
  • 3: Ēyi
  • 4: Nāhui
  • 5: Mācuīlli
  • 6: Chicuacē
  • 7: Chicōme
  • 8: Chicuēyi
  • 9: Chiucnāhui
  • 10: Mahtlāctli
  • 11: Mahtlāctli ihuan cē
  • 12: Mahtlāctli ihuan omme
  • 13: Mahtlāctli ihuan ēyi
En cuanto a los trece días, su significado era:

1 - Principio
2 - Consistencia
3 - Decisión
4 - Concretización
5 - Realización
6 - Introspección
7 - Inquietud
8 - Desarrollo
9 - Búsqueda
10 - Equilibrio
11 - Reposo
12 - Claridad
13 - Conocimiento


    Los 20 signos del Tōnalpōhualli, a la vez, tienen asignados una deidad y un punto cardinal. Estos veinte signos se encuentran también en el primer anillo de la Olīn Tōnatiuhtlan o Tōnalmachiyōtl, la piedra del Sol.
    Nombre del díaDeidad asociadaPunto cardinalSigno en el Códice Laud
    Cipactli
    «la tierra como un caimán»
    Tōnacātēuctli
    «Señor de Nuestro Sustento»
    Tlāuhcopa
    «Este»
    Cipatli.svg
    Ehēcatl
    «Viento»
    Quetzalcōātl
    «Serpiente preciosa»
    Mictlāmpa
    «Norte»
    Ehecatl.svg
    Calli
    «Casa»
    Tepēyōllohtli
    «Corazón de la montaña»
    Cihuātlāmpa
    «Oeste»
    Calli.svg
    Cuetzpalin
    «Lagartija»
    Huēhuehcoyōtl
    «Viejísimo coyote»
    Huitztlāmpa
    «Sur»
    Cuetzpalin.svg
    Cōātl
    «Serpiente»
    Chālchiuhtli īcue
    «La de la falda de jade»
    Tlāuhcopa
    Coatl.svg
    Miquiztli
    «Muerte»
    Tēcciztēcatl
    «El del caracol marino»
    Mictlāmpa
    Miquiztli.svg
    Mazātl
    «Venado»
    Tlaloc
    «El que hace brotar las cosas»
    Cihuātlāmpa
    Mazatl2.svg
    Tōchtli
    «Conejo»
    Māyahuel
    «La de la planta de maguey»
    Huitztlāmpa
    Totchli.svg
    Ātl
    «Agua»
    Xiuhtēuctli
    «Señor del año»
    Tlāuhcopa
    Atl.svg
    Itzcuintli
    «Perro»
    Mictlān tēuctli
    Señor del infierno
    Mictlāmpa
    Itzcuintli.svg
    Ozomahtli
    «Mono»
    Xōchipilli
    «Príncipe flor»
    Cihuātlāmpa
    Ozomahtli.svg
    Malīnalli
    «torcedura de hierbas»
    Pahtēcatl
    «El de las medicinas»
    Huitztlāmpa
    Malinalli.svg
    Ācatl
    «Caña»
    Tezcatlipoca
    «Humear del espejo»
    Tlāuhcopa
    Acatl.svg
    Ocēlōtl
    «Ocelote»
    Tlazōlteōtl
    «Deidad del amor y de la superficie terrestre»
    Mictlāmpa
    Ocelotl.svg
    Cuāuhtli
    «Águila»
    Xīpe Totēuc
    «Nuestro señor desollado»
    Cihuātlāmpa
    Cuauthli.svg
    Cōzcacuāuhtli
    «Cóndor mexicano»
    Itzpāpalōtl
    «Mariposa de obsidiana»
    Huitztlāmpa
    Cozcuauhtli.svg
    Olīn
    «Movimiento»
    Cholotl
    El que huye -Venus en su fase vespertina-
    Tlāuhcopa
    Ollin.svg
    Tecpatl
    «Pedernal»
    Chālchiuhtotōlin
    «Pavo de jade»
    Mictlāmpa
    Tecpatl.svg
    Quiahuitl
    «Lluvia»
    Tōnatiuh
    «Sol»
    Cihuātlāmpa
    Tlaloc2.svg
    Xōchitl
    «Flor»
    Xōchiquetzal
    «Flor hermosa»
    Huitztlāmpa
    Xochitl2.svg

    La veintena prehispánica

    12012010
    1
    Cipactli. El cocodrilo.
    Cipactli, códice Borgia

    La etimología de Cipactli equivale a decir el primer animal en la tierra, por eso es el símbolo primigenio de la tierra, como elemento y como planeta. Para los antiguos mexicanos los seres humanos estaban parados metafóricamente encima de un gran cocodrilo.

    2
    Ehecatl. El viento
    Ehecatl, códice Borgia
    Ehecatl, códice Borgia

    Si el viento era la vida entonces Quetzalcoatl fue la personificación de este elemento. En la ciudad de México Tenochtitlan tenia su templo cónico, una especie de pirámide circular. Desde este templo era visible el templo de Tlaloc y de Huitzilopochtli. La piramide circular de la zona arqueológica de Cuicuilco al parecer era el templo macro de Ehecatl que al horizonte podía ver al Popocatepetl, el volcán que humea, representación de Tlaloc. Variados símbolos estuvieron asociados a Ehecatl como por ejemplo: el caracol, la greca escalonada y  la espiral.

    3
    Calli, la casa
    Calli, códice Borgia
    Calli, códice Borgia

    La casa era un día calendárico y a su ves el símbolo de uno de los cuatro años con los que se designaban a las 52 combinaciones para los años llamados xiuhmolpilli.

    4
    Cuetzpalli, la lagartija
    Cuetzpalli, códice Borgia
    Cuetzpalli, códice Borgia
    Era el símbolo del cuarto día del calendario. Los mayas optaron por el maíz. La lagartija era símbolo de virilidad. Si vemos a estos animalitos desde arriba veremos que extiende sus cuatro patas hacia los cuatro puntos cardinales. Es probable que por esa razón se le haya escogido como el cuarto símbolo. Además suele calentarse al sol por lo que esta asociado a esta estrella, denominada como el nahui ollin,
    cuatro-movimientos del sol, los cuatro puntos extremos por donde el sol surge y se oculta en un año. Los cuatro puntos son los solsticios vistos al amanecer y al atardecer.
    5
    Coatl. La serpiente.
    Coatl, códice Borgia
    Coatl, códice Borgia

    La serpiente en el México prehispánico estaba asociada a Quetzalcoatl, el héroe cultural de América y en consecuencia a las bondades de su sabiduría. Quetzalcoatl significa la serpiente con alas preciosas, la serpiente voladora, una especie de dragón o la serpiente preciosa que se alza por los aires.
    6
    Miquiztli, la muerte.
    Miquiztli, códice Borgia
    Miquiztli, códice Borgia
    La muerte o “el morir” es el sexto símbolo de la veintena prehispánica. Las personificaciones mitológicas de este día son Mictlancihuatl y Mictlantecuhtli.

    7
     Mazatl, el venado.
    Mazatl, códice Borgia
    Mazatl, códice Borgia
    El venado fue el séptimo día de la veintena. Este animalito fue muy venerado en la antigüedad y se le asoció al Sol. En algunos códices se le observa cargando a este astro en sus espaldas.

    8
    Tuchtli, el conejo
    Tuchtli, códice Borgia
    Tuchtli, códice Borgia
    El conejo es el octavo símbolo de la veintena prehispánica. El conejo estuvo asociado a la luna. En algunos códices se le observa cargándola y en otros como la figura que se dibuja dentro de en luna llena.
    La luna fue muy bien estudiada por los sabios tonalpohuahquetl. Sabían a la perfección su ciclo sinódico y sideral. Con estos datos podían predecir eclipses de sol y de luna. Lugares como Tuxtla, Tuxpan, Tuchtepec, Tuxtepec, están relacionadas a la denominación del conejo. En Tepoztlan, región del estado de Morelos, el conejo fue elevado al rango de la deidad ome tochtli, numen del pulque.
    En el calendario prehispánico el conejo era, a la ves del símbolo de un día, símbolo de un año.
    9
    Atl, el agua
    Atl, códice Borgia
    Atl, códice Borgia
    Era el noveno símbolo del calendario y su deidad fue Chalchiuhtlicue, la de las faldas de chalchihuites, piedras preciosas, color turquesa, las pulidas piedras de los ríos, las faldas azules también son una bella metáfora de las aguas de los ríos. Por eso esta deidad representaba al agua depositada en la superficie terrestre. En contraparte, su pareja era Tlaloc, deidad del agua de los cielos presente en forma de nubes o en las altas montañas en forma de hielo o nieve.

    10
    Itzcuintli, el perro.
    Itzcuintli, códice Borgia
    Itzcuintli, códice Borgia

    Itzcuintli es la palabra nahuatl de la que se derivo la voz “escuincle” para designar a los niños de manera peyorativa.
    El día 9-perro o chicnahui itzcuintli era el día dedicado a Chantico, la patrona de Xochimilco, la diosa del fuego del hogar. Era una deidad que estuvo asociada al planeta Venus y a los ciclos de 52 años.

    11
    Uzumactli, el mono
    Uzumactli, códice Borgia
    Uzumactli, códice Borgia
    Este animalito era el onceavo de la veintena. Un enorme río del sureste mexicano lleva su nombre Usumacinta, río de monos, nace en Guatemala y desemboca en Tabasco.
    El mono era el símbolo de la música y de la alegría. El emperador Moctezuma lleva su nombre Motecuhuzumatzin.
    En la leyenda de los soles cosmogónicos se cuenta que la humanidad, fabricada de madera de colorín por los dioses, fue trasformada en monos. Solo cuando las personas fueron hechas de maíz surgió el ser humano.

    12
    Malinalli, fibra de maguey.
    Malinalli, códice Borgia
    Malinalli, códice Borgia
    Malinalli es el símbolo doceavo de la veintena calendárica. Se le conoce a este símbolo con el nombre de hierba torcida o torcedura de un lazo.

    La deidad Malinalli llevaba un cordel de este material colgando en las manos. Si a malinalli se le traduce como hierba torcida es porque el lazo se fabrica torciendo las fibras del maguey. En algunos textos del siglo XVI se le menciona con el nombre de “cierta hierba” porque no conocían a que hierba se referían nuestros antiguos mexicanos.


    13
    Acatl, planta de maiz y carrizo .
    Acatl, códice Borgia
    Acatl, códice Borgia
    El carrizo es el treceavo símbolo del calendario prehispánico. Originalmente el símbolo colocado en la treceava posición debió haber sido el maíz. El investigador Enrique Florescano así lo refiere y documenta esta hipótesis en su libro “el mito de Quetzalcoatl”.
    El carrizo es una planta que por su parecido con el bambú también se le llama falso bambú, era uno de los símbolos esotéricos de Quetzalcoatl y en particular a ce-acatl, uno carrizo, combinación calendárica del tonalpohualli que iniciaba el segundo periodo de 52 días. Ce acatl, día y año en el que nace y muere Quetzalcoatl, con la promesa de que regresaría.
    En Xochimilco se le conoce al carrizo también con el nombre de otate, otlatl en nahuatl. En los escritos del siglo XVI también se refiere a este símbolo con el nombre de caña. Llama la atención que en toda Mesoamérica el término caña se refirió mas al tallo del maíz que al carrizo y posteriormente a la planta de donde se extrae el azúcar, la caña de azúcar. Sin embargo esta última fue traída de África para su cultivo en América durante la época colonial. Hasta hace algunos años todavía era posible ver que en algunas regiones, dedicadas al cultivo del maíz, se vendieran las cañas dulces de cierta especie de esta planta, el tallo tenía una coloración morada y por la zona de Topilejo se vendían a las orillas de la carretera, era una caña para masticar y degustar, no era para producir elote o maíz. Topilejo, vocablo nahuatl deformado, estaba asociado al lugar de los topiles o jefes guardianes. Topilejo es una región aledaña al estado de Morelos, lugar en donde se cree que nació Quetzalcoatl. Topil significa nuestro pequeño y era una denominación también para designar al bastón de mando de los líderes de un pueblo. Quetzalcoatl portaba su topilli. 
    14
    Ocelotl, el jaguar
    Ocelotl, códice Borgia
    Ocelotl, códice Borgia
    El jaguar era el decimocuarto símbolo de la veintena prehispánica, era la representación de la noche ya que las manchas del jaguar representaban las estrellas  y fue una designación para uno de los cinco soles cosmogónicos. Ocelotl es el vocablo nahuatl para este felino y existe una población en México dedicada a este animal Ocelotlan, región de jaguares. En algunas zonas del sur de México se le llama también el tecuani y de ahí que Tehuantepec, deformación lingúistica de Tehuantepec, sea traducido como el cerro o la montaña del jaguar. En la rueda calendárica zodiacal, el jaguar tiene al símbolo de la lagartija como oponente debido a que este último animalito es débil.  El jaguar entonces es la representación de la energía física por antonomasia.
    Cuando el jaguar ruge en las selvas semeja el trueno que precede a la tormenta y por tal motivo se le asoció con Tlaloc la deidad de la lluvia representada con colmillos de jaguar. Un simbolismo semejante a la deidad sudamericana de la cultura de Chavin de Huantar, contemporánea de los olmecas, en donde se han encontrado piezas esculturales llamadas cabezas clava, representaciones de la deidad de la lluvia. Por eso no es errónea la denominación que se le dio en su momento a la escultura del Chac Mool, la deidad maya de la lluvia, cuyo significado es jaguar.
    15
    Cuauhtli , el águila
    Cuauhtli, códice Borgia
    El águila fue el símbolo décimo quinto de la veintena prehispánica. Este majestuoso animal es el rey de los cielos, domina el vuelo y su vista incomparable hace de él un excelente representante del sol.
    Cuando el águila descendía en su vuelo semejaba al sol en su ocaso, el atardecer. En lengua nahuatl esta representación corresponde al vocablo de Cuauhtémoc, el águila que desciende.
    En el escudo nacional el águila representa al sol en su posición cenital. Este símbolo tiene como su oponente, en la rueda zodiacal vigesimal, a la serpiente y bajo una óptica naturalista  se observa las  oposiciones en cuanto a sus relaciones de fuerza; el águila devora a las serpientes. De manera que el águila y la serpiente representan  una paradójica dualidad, dos animales unidos por una trágica realidad.
    16
    Cuscacuauhtli, el cóndor, el águila de collar
    Cuscacuauhtli, códice Borgia
    Cuscacuauhtli, códice Borgia
    El rey de los buitres es en definitiva el cóndor, en nahuatl el águila de collar, porque esta gran ave posee un collar de fino plumaje alrededor de su cuello. Cusca es collar y cuauhtli es águila.

    Los antiguos creían que el cóndor moraba entre los muertos y entre los sueños de los vivos. En el códice Borgia se le ha emparentado con el guajolote, debido quizá a que este animal estaba decorado con un chalchihuitl alrededor de su cuello, su collar de piedras preciosas.

    17
    Ollin o si se desea Ullin, el movimiento
    Ollin, códice Borgia
    Ollin, códice Borgia
    Fue el símbolo  décimo séptimo de la veintena del tonalpohualli y del calendario agrícola. Representa el movimiento del sol. Su símbolo opuesto es el venado, animal que en algunos códices se muestra cargando al astro rey. Es el venado dorado que equivale en términos metafóricos al sol.

    18
    Tecpatl, el pedernal
    Tecpatl, códice Borgia
    Tecpatl, códice Borgia
    El pedernal fue el décimo octavo símbolo de la veintena prehispánica. Su diseño es un cuchillo o navaja hecha de piedra. Pareciera que este diseño esta formado por el área de intersección entre dos círculos.
    El pedernal formó parte de las simbologías para los años prehispánicos. El primer año era la casa, el segundo el conejo, el tercero el carrizo y el cuarto el pedernal.
    El pedernal forma parte del emblema nacional y en su escudo aparece como la piedra de donde surge el nopal pues en un año ce tecpatl, uno pedernal, se inicio la fundación de México Tenochtitlan, fue el año cuando se colocó la primera piedra. Por eso el rito, de colocar la primera piedra cuando se inicia una construcción, sigue vivo entre los mexicanos.

    19
    Quiahuitl, la lluvia
    Quiahuitl, códice Borgia
    Quiahuitl, códice Borgia
    En nahuatl el tiempo se dice cahuitl un vocablo muy parecido para el que se designa a la lluvia: quiahuitl.
    La semejanza fonética es interesante y puede remitirnos a que en un pasado los dos significados, tiempo y lluvia, tuvieran los mismos fonemas. Hoy en día se dice “el estado del tiempo” para designar al estado del clima el cual siempre se asocia a la lluvia o a la falta de ella. El gran Tlaloc era el Popocatepetl, el volcán emblemático del Valle de México y a este volcán estuvo dedicado uno de los cinco soles cosmogónicos: El Sol de Lluvia, la lluvia de fuego.
    20
    Xuchitl, la flor
    Xuchitl, códice Borgia
    Xuchitl, códice Borgia
    La flor fue el último de los símbolos de la veintena prehispánica. Esta colocada en el sitio número veinte y por esta razón el cempaxuchitl, o cempohualxuchitl, tiene un enorme significado calendárico pues la etimología de esta flor representa a la flor vigesimal.

    La flor era el símbolo sintético del tonalpohualli. Un diseño cruciforme de la flor representa a la serie de los 260 días en su totalidad.

    Monday, August 24, 2015

    NEMONTEMI

    In the Mesoamerica culture, the nemontemi was the five days between two year cycles, or between 52 year calendar rounds (xiuhmolpilli in Nahuatl, "New Fire ceremony"). It was also called baldíos (wasted).
    As appears in the Codex Tovar:[1]
    estos cinco dias ultimos le llamavan quiauitl o dia nemontemi q' quiere dezir cinco dias valdios del mes quiauitl e dia q e es el pasado en es tos cinco dias no habia cosa alguna ni acudia al templo, solo se ocupaban de visitarse unos a otros
    —Codex Tovar
    Every month had 20 days and at the end of the cycle, adding up 360 days. The five days remaining adjusted the next following calendar round.



    El tiempo y espacio eran las dos categorías fundamentales del mundo prehispánico, la cuenta de los días, el tiempo sagrado, para los mexicas cuatro edades o Soles habían existido en el intento de los dioses por crear al hombre y el alimento que habría de sustentarlo. El Quinto Sol nació en Teotihuacan. Este es el Sol en el cual vivimos. Para el mundo indígena, fueron los dioses quienes crearon los días, los meses y los años. Dieciocho meses de 20 días componían el calendario solar con un total de 360, más cinco días aciagos (o nefastos).

    El Tonalpohualli. se componía de 260 días. Algunos códices servían para llevar la cuenta de los días y el tiempo.

    El Xiuhmolpilli o atado de cañas (52 años) simbolizaba el siglo indígena. Cada 52 años había una renovación de lo existente y se encendía el Fuego Nuevo.

    NEMONTEMI - Inútil, vano, infortunado, insuficiente.

    Los días nemontemi, desamparados, vacíos, abismales, si bien no “contaban” (itech pohui) desde una perspectiva astrológica, sí se contaban (tlapohua) en términos de cómputo calendárico, lo que generaba un desfase, un modelo específico de principio y fin de veintenas así como de días nemontemi para cada uno de los años. Sin dejar de figurar al final del último mes de un ciclo anual, los nemontemi cambiaban periódicamente de posición en el ciclo calendárico.

    Para Sahagún son días que sirven para completar los 365 días del año. Otros dan el comienzo y el futuro del entrante y se meten en problemas de cuentas de calendario ofreciendo años y cuentas inexistentes e ilógicas.

    Si anallizamos la palabra en sus raíces.
    Nemoa - Se vive, se camina. Forma pasiva e impersonal. Derivado de Nemi - vivir, caminar.
    On - Partícula que denota duración en el tiempo, refuerza que la acción se realiza durante un tiempo, también se usa como manera especial al hablar denotando respeto.
    Temi - Estar extendido, acostado, llenar, estar repleto, estar completo.

    Esta es una cuenta independiente en la que se incluyen 5 dias por año para justar los calendarios, al final de 52 años habrán transcurrido 260 días, es decir un Tonalpohualli.

    La conjunción de la rueda del tiempo


    La combinación de ambos ciclos, el de 260 días y el de 365 días, formaba unidades de 52 años. A este periodo se le llamó "Rueda del Calendario" y era el sistema típico del centro de México en el momento de la conquista. Para establecer los nombres de cada año, los mexicas usaron los nombres de cuatro simbolos: ácatl (caña), técpatl (pedernal), calli (casa), y tochtli (conejo). Cada símbolo de día estaba asociado a un número diferente del uno al 13 (4 nombres de día x 13 numerales = 52 nombres de año). Los mexicas llamaron a un "siglo" de 52 años xiuhmolpilli o "atadura de los años".y también se le conoce como "cuenta corta". Los ciclos de 52 años se iniciaban entre los aztecas mediante un rito importante, la fiesta del Fuego Nuevo, que coincidía además con la fecha en que la constelación de Pléyades pasaba el cenit a medianoche.

    La ceremonia del fuego nuevo es un ritual que se realizaba entre los Mexicas. Según varias evidencias arqueológicas, se practicó también en muchos pueblos del centro de México durante la época posclásica,[1] como por ejemplo en Teotihuacan.

    Debido a la importancia calendárica del xiuhmolpilli (atadura de años), cada 52 años, generalmente se piensa que el Fuego Nuevo se celebraba cuando coincidían el inicio de los dos calendarios aztecas, el tonalpohualli, de 260 días, y el xiuhpohualli, de 365 días. Sin embargo, según testimonian los códices Borgia, Vindobonensis, Laud y Nuttall, lo encendían cada año.[2] Según otras fuentes, había ceremonias especiales cada 4, 8 y 52 años, y sólo en esta última se arrojaban al fuego las imágenes y otros objetos de culto, y se reconstruían los templos en señal de renovación.

    El momento exacto en que se realizaba, era cuando las Pléyades o "cabrillas" llegaban al punto más alto del cielo, según testimonio del cronista Bernardino de Sahagún:
    "Tomaban por señal para esta fiesta el movimiento de las Cabrillas (las Pléyades) cuando estaban en medio del cielo a la medianoche… Cuando veían que pasaban del medio, entendían que el movimiento del cielo no cesaba. A esa hora, estaban en los cerros circundantes gran cantidad de personas esperando ver el Fuego Nuevo." (Sahagún, Historia General IV)

    Al "atar" cada año el Fuego Nuevo con el ascenso de las Pléyades, los mesoamericanos estuvieron en condición de utilizar esta ceremonia para medir el Año Sidéreo, lo cual, a su vez, les habría permitido calcular el Ciclo de Precesión de los Equinoccios (la rotación aparente de la eclíptica, con 26 mil años de duración).

    El Fuego Nuevo era un ritual celebrado por los mexicas para celebrar el xiuhmolpilli (atadura de años), la coincidencia en el inicio de los calendarios xiuhpohualli y el tonalpohualli, lo que sólo podía ocurrir después de 52 años. Según la mitología mexica, en este momento podría ocurrir el cataclismo que terminara con la era del Quinto Sol, donde el mundo sería destruido por terremotos. Si las Pléyades pasaban el cenit la noche del último día del ciclo de 52 años, el mundo no sería destruido y se encendía de nuevo el fuego sagrado.

    Al final del último día de cada siglo cuando, el sol se estaba poniendo, se creía que desaparecería para siempre. En ese momento se apagaban todos los fuegos y la preocupada población se reunía al pie de la pirámide donde los sacerdotes observaban cuidadosamente los cielos se sacrificaba una víctima arrancando su corazón mientras encendía el Nuevo Fuego, a sí el sol renacía y se había salvado de nuevo el mundo de la destrucción; comenzaba un nuevo ciclo (ciclos de 52 años) La población desechaba los palos con los que encendían el fuego en el momento de la ceremonia y solo los sacerdotes prendía en Fuego Nuevo.
    En el Cerro de la Estrella se realiza esta ceremonia hasta la fecha actual.

    Para los antiguos Aztecas, cada ciclo de 52 años en la antigua Tenochtitlan, el mundo estaba en peligro de dejar de existir si el sol no se levantaba de nuevo, por ello era encendido en un templo que actualmente se encuentra bajo el cerro de la estrella, (cuyo nombre prehispánico era Huizachtecatl), por medio de un ritual, el fuego nuevo, buscando animar al sol a salir por otro ciclo de 52 años más.

    Al atardecer del día último del ciclo, todos los fuegos eran apagados, y sólo los sacerdotes en la cima del cerro eran los indicados para iniciar un fuego nuevo, mientras un sacrificio humano era realizado, se sacrificaba al mejor de los guerreros o a una persona importante para el pueblo y se quemaban o destruían los artículos de guerra y personales ya que el fuego nuevo para ellos era renovación.

    En la "cuenta corta" de 52 años cabían exactamente 73 tonalpohualli (52 x 365 = 73 x 260 = 18,980 días). Al cabo de este período, las combinaciones de los ciclos de 365 y 260 días se agotaban, y comenzaba otro ciclo mayor con exactamente las mismas fechas. Dos ciclos de 52 años, es decir 104 años, se llamaban huehuetiliztli, "la vejez", y se caracterizaban además por la coincidencia con el ciclo de Venus. El año de Venus contiene 584 días, y 5 años de Venus corresponden a 8 años solares; por lo tanto, cada 65 años de Venus coincidían con 104 años solares y con 146 tonalpohualli (65 x 584= 104 x 365 = 146 x 260 = 37, 960 días).

    Los mexica utilizaban una fórmula abreviada para los fechamientos para no tener que mencionar en forma completa todos los elementos que intervenían en una fecha: el día del tonalpohualli, el ordinal del día dentro de la veintena y el año; en cambio, decían únicamente el día del tonalpohualli y el año, por ejemplo: 8 ehécatl de 1 ácatl.


    Un xiuhmolpilli, era enterrado en altares adornados con huesos y cráneos de piedra conocidos como Altar de los siglos.


    Friday, August 21, 2015

    pochteca

    Los pochtecas eran un gremio de comerciantes viajeros que operaron durante la época del Imperio azteca. Eran gente sumamente polémica en la sociedad de su época, ya que no solo eran comerciantes, sino también espías del mismisímo tlatoani; sin mencionar de que eran una sociedad de alto prestigio que se distinguía de los mercaderes comunes o tlacemananqui.

    Los pochtecas tuvieron una amplia zona de influencia ya que con la ayuda de sus cargadores o tamemes, extendieron el comercio de los aztecas tan al sur como la actual Nicaragua y tan al norte como el actual Nuevo México.

    Los pochtecas eran una institución en sí mismos. Tenían distintas prerrogativas. Vivían en sus propios barrios, dentro de las grandes ciudades como Tetzcuco, y otras urbes del imperio y en diversos altépetl en toda Mesoamérica. Los derechos del gremio pasaban de padre a hijo, y no pagaban impuestos, además tenían sus propios dioses. Antes de partir a prolongados viajes, invocaban la protección de Zacazontlin, el protector de los caminos y de los viajeros. No estaban sujetos a los tribunales ordinarios legales ya que contaban con un tribunal propio, integrado por ancianos pochtecas, de alto rango, los cuales ya no participaban de las expediciones.[1]

    Los pochtecas no solo eran viajeros, también tenían que dedicarse a distribuir sus productos, operación que realizaban en los tianguis en toda Mesoamérica; sobre todo en el mercado de Tlatelolco ubicado en la gran Tenochtitlán; sitio localizado en la actual Ciudad de México.

    POCHTECATL:
    pōchtēcatl plur. pōchtēcah.
    Habitant de Pochtlan.
    Marchand, négociant. (son activité est décrite en Sah10,42). R Andrews Introd 464.
    in pōchtēcah, in oztomēcah, in tēucnehnenqueh , les marchands, les négociants, les nobles commerçants. Sah 1952,174:30
    in quēnin pōchtēcah quichīhuayah tlamanaliztli , comment les marchands faisaient des offrandes. Sah9,27.
    in yehhuāntin pōchtēcah in motēnēhuah acxotēcah in oztōmēcah , les marchands, ceux que l'on appelaient les commerçants, les négociants - the merchants those known as distinguished trades and vanguard merchants. Sah4,45.
    in īntēnōnōtzaliz pōchtēcah in huehuētqueh , les sermons des vieux marchands - the admonitions of the old merchants. Sah4,61.
    mocecentlāliah in pōchtēcah huēhuetqueh, in pōchtēcah ilamatqueh , tous les vieux et les vieilles du quartier des marchands s'assemblent - all the old merchant men and women assembled. Sah4,47.
    in pōchtēcah, in oztomēcah, in yahqueh, in nehneminih, in huehcacalaquinih , les marchands, les conducteurs de caravanes. ceux qui s'en vont, ceux qui voyagent, ceux qui pénètrent dans les pays lointains - the merchants and vanguard merchants, the exploring merchants and traveling men, those who entered distant lands. Sah4,59-60.
    pōchtēcatzintli, pōchtēcah tlailotlac, acxotēcah , le chef des marchands, le maītre de la corporation des marchands, des commerçants - he head merchant, the principal merchant in foreign parts, the distinguished trader. Sah10,59.
    Cités dans une liste de gens riches et prospères. Sah2,61.
    ca in pōchtēcah in oztomēcah yehhuān quihuālcalaquiayah quihuāllaahxītiah in īxquich tlazohihhuitl in nepapan ihhuitl , car les marchands, les négociants, importaient, faisaient venir toutes les plumes précieuses, les différentes plumes - for the merchants, the vanguard merchants were the ones who introduced, who secured, all the different precious feathers. Sah9,88.
    in pōchtēcah in oztomēcah zan centetl catca in īmmāhuizzo, in īnnemahuiztīliz , la gloire, la renommée des marchands et des négociants était égale - the glory, the renown of the merchants, the vanguard merchants was equal. Sah9,88.

    Xōchiyaoyōtl

    Las guerras floridas o Xōchiyaoyōtl (del náhuatl xōchi- 'flor', yao- 'guerra' -yō- (derivativo)) eran un tipo de guerra ritual propio de los pueblos mesoamericanos en los siglos anteriores a la Conquista consistente en el acuerdo entre varias ciudades de organizar combates en los que se capturaban prisioneros de ambos bandos que eran sacrificados ritualmente; con frecuencia, se realizaban en condiciones de sequía extrema.

    Según determinadas teorías, el concepto de "La Batalla florida" es muy revelador de la concepción filosófica del Anáhuac: la guerra para los antiguos mexicanos, probablemente desde las primeras sociedades que hoy llamamos olmecas, tenía un carácter "simbólico-ritual". Los "guerreros de la muerte florecida" de estirpe tolteca en el periodo Clásico buscaban librar sus "batallas floridas" en su interior y sus armas fueron "flor y canto", su victoria, hacer florecer su corazón para dárselo como alimento a sus seres queridos. Aún los trasgresores de la Toltecáyotl, los guerreros mexicas en el periodo Postclásico, en sus “batallas floridas” no tenían como objetivo matar a su adversario, sino solo tomarlo prisionero.
    “Es entonces probable que el trofeo que perseguía el guerrero de la “batalla florida” no era otro que su propia alma.” (Laurette Séjourné. 1957).



    A flower war or flowery war (Nahuatl: xōchiyāōyōtl, Spanish: guerra florida) is the name given to the battles fought between the Aztec Triple Alliance and some of their enemies: most notably the city-states of Tlaxcala, Huejotzingo, Atlixco and Cholula.

    In his Durán Codex, Diego Durán states that the Flower wars were instigated by the Aztec Cihuacoatl,[1] Tlacaelel, because of a great famine that occurred during the reign of Moctezuma I, which could only be assuaged through the means of human sacrifice. As a result, a treaty was signed between Tenochtitlan (the Aztec capital), Texcoco, Tlaxcala, and Huejotzingo, to engage in ritual battles which would provide fresh victims. However another source, noble historian Chimalpahin Quauhtlehuanitzin, mentions an earlier Flower War between the Mexica and the Chalca.
    The sixteenth century chronicle a History of Tlaxcala, by Tlaxcalan Diego Muñoz Camargo contains a legend of a powerful Tlaxcalteca warrior called Tlalhuicole, who was captured, but because of his fame as a warrior he was freed and then fought with the Aztecs against the Purépecha in Michoacán. He received honors, but instead of returning to Tlaxcala he chose to die in sacrifice. There were eight days of celebrations in his honor, and then he killed the first eight warriors. Still insisting on being sacrificed, he fought and wounded 21 more warriors, before being defeated and sacrificed.

    Discussion

    The beginning of the Flower Wars was not what we would consider a 'war' by today's standards. For example, very few combatants would actually be involved in the 'war'.[2] Each side had to have the same number, and the “conflicts took place on a preset date at a preselected place.” [3] The goal was to gain sacrificial victims, not kill. There was a series of famines from 1450 to 1454 that devastated Central Mexico, which led people to believe that the gods were angry with them. They thought it was because they hadn’t made enough sacrifices, so the lords of Tlaxcala, Huexotzinco, Cholula, and Atlixco and the Triple Alliance agreed to gather sacrifices for the gods. The men tried to kill as few people as possible, so they would have prisoners for the sacrifices.[4]
    These wars had three main purposes. The first was to show that retaliation against Aztec troops was useless. They needed to show off their superior ability, not their superior numbers because they did not have success in those type of struggles. Another purpose of these wars was attrition. By requiring an equal number of forces on each side, the battle seemed equal at first; however, the side with a lesser number of total troops suffered because the losses were a greater percentage of their total forces. Through this, the Aztec used the Flower Wars (xochiyaoyotl) to weaken their opponents. “But propaganda was perhaps the most significant purpose of flower wars." [5] By engaging their opponents in the xochiyaoyotl, they were able to continuously showcase their force, which warned other city-states about their power. When the enemy did not yield, the conflict “became increasingly mortal.” Through these wars, the Aztecs were able to “encircle and undercut their opponents, to chip away at enemy territory and cut off allied support, to use their numerical superiority to reduce the strength of their opponents, and to continue their military exploits elsewhere in the empire.” [6]
    The exact nature of the Flower Wars is not well determined, but a number of different interpretations of the concept exist. One popular idea of the Flower Wars is that it was a special institutionalized kind of warfare where two enemy states would plan battles through mutual arrangement in order to satisfy the religious needs of both combatants. This view is based on a number of quotes from early chroniclers and also from the letters of Hernán Cortés. However, in recent years, this interpretation has been doubted by scholars such as Nigel Davies[7] and Ross Hassig,[8] who argues that "the mutual arrangement" of the flower war institution is dubious, and suggests that the Flower War was in fact a low-intensity, sustained conflict with the Aztec trying to wear down the Tlaxcalteca to later conquer them entirely. He refers to the wars as “an effective means of continuing a conflict that was too costly to conclude immediately.” The goal was to obtain sacrificial victims, not the enemy’s territory. They did want, however, to obliterate anyone that opposed the Aztec rule and incorporate that territory as a tribute-paying region.
    It has been suggested that the taking of prisoners during these military encounters may have been a function of institutionalized terror on the part of the Aztec state rather than the normal course of warfare.[9] Those who were captured served the interests of their captors much better when their deaths were removed from the battlefield and made into a civic and religious spectacle. This terrifying example supposedly served as a means by which a ruling Aztec dynasty demonstrated political power and coerced its citizenry toward certain social norms. Though religion played a major role, it may have been overemphasized as the sacrifices were also legal, state-sanctioned events.
    The motives behind these conflicts is still in question. Much of the speculation over their cause stems from a belief that the Aztec military superiority was sufficient to have overcome their enemies had they only wished to do so. Why then, was the violence so protracted, if not for some purpose the Aztecs found in its longevity? However, this supposed Aztec martial supremacy is now also being questioned. Although the Tlaxcala-Pueblan Valley eventually fell to the Aztec Triple Alliance, it may have been that this region was simply too resilient for the Aztecs to pacify in the struggles prior to 1518-19.[10] In the Nahuatl language a difference is made between the so-called Flower War (xochi yaoyotl) and a real, or mortal “angry” war (cocoltic yaoyotl). Whether one may have evolved into the other is unclear.





    Le sacrifice humain était, dans la civilisation aztèque, comme dans la plupart des civilisations précolombiennes de Mésoamérique, un rite extrêmement courant et essentiel[1] comme l'attestent plusieurs documents indigènes et espagnols ainsi que de nombreuses découvertes archéologiques. Les méthodes de sacrifice et les types de victimes sacrifiées étaient très variés. Les plus documentés sont l'autosacrifice par extraction de sang et le sacrifice par cardiectomie (ablation du cœur) d'esclaves et de prisonniers de guerre, dans un lieu sacré qui était le plus souvent un temple au sommet d'une pyramide[GT 1].
    Au cours de la colonisation des Amériques, les Espagnols ont fréquemment justifié moralement leur conquête des territoires indigènes et l'évangélisation des peuples qui y vivaient par la nécessité d'abolir cette pratique religieuse jugée diabolique[1]

    La minimisation de la violence des sacrifices humains chez les Aztèques a commencé dès Bartolomé de Las Casas[G 1], qui non seulement les a présentés de manière positive comme l'expression d'une grande piété, mais a affirmé que leur nombre était inférieur à cinquante par an, en arguant que dans le cas contraire le nombre d'habitants n'aurait pas pu être aussi élevé dans l'empire aztèque[G 2].
    Eulalia Gúzman, en 1958, a nié l'existence-même de ces sacrifices[G 3]. Cette théorie a été reprise et développée dans une thèse de Peter Hassler en 1992, qui prétendait démontrer qu'il s'agissait d'une invention des Espagnols pour justifier leur conquête[G 4].
    Laurette Séjourné, en 1971, considérait que le principal but des sacrifices humains, dans les sociétés amérindiennes, était de supprimer l'agressivité et l'égoïsme[G 5].
    Les spécialistes contemporains comme Michel Graulich critiquent ces points de vue pour leur manque d'objectivité, et les considèrent comme de simples réactions émotionnelles à un sujet inquiétant et dérangeant[G 1].

    Selon les croyances aztèques, c'est Tezcatlipoca, dieu de la nuit et de la mort, qui aurait donné aux Aztèques la coutume des sacrifices humains[3]. Il aurait chassé de Tula le dieu Quetzalcoatl, qui s'opposait au sacrifice des humains[4].
    On a donc longtemps attribué aux Aztèques l'implantation des sacrifices humains en Mésoamérique.
    Cependant, il est avéré que cette pratique remonte au moins aux Olmèques, la première civilisation mésoaméricaine documentée.

    La principale fonction des sacrifices humains aztèques avancée par une majorité des sources était d'ordre religieux car les Aztèques croyaient qu'ils alimentaient les dieux et maintenaient ainsi l'équilibre du cosmos[G 6]. Il existe en effet plusieurs mythes montrant cette fonction des sacrifices.
    Toutefois, selon Michel Graulich, cette explication néglige d'autres fonctions[G 7].

    Les mythes cosmogoniques aztèques sont imprégnés de références aux sacrifices humains comme un élément nécessaire au fonctionnement et à l'équilibre du cosmos[5]. On en retrouve par exemple dans le mythe de la création du monde, dans lequel la déesse-terre Tlaltecuhtli réclame des cœurs humains et refuse de donner ses fruits avant d'être arrosée de sang[1] ; de même, dans le mythe de la création du Soleil et de la Lune, le sacrifice des dieux Nanahuatzin et Tecciztecatl leur permet de renaître sous la forme de ces astres puis le sacrifice des autres dieux est également nécessaire pour que le Soleil commence à se déplacer dans le ciel[6]. Dans le mythe nahua de la Légende des soleils, la déesse-Terre donne le jour aux 400 Mimixcoas et à 5 Mecitin (c'est-à-dire des Mexicas) ; comme les Mimixcoas se laissent aller à la luxure et à la boisson et ne ramènent donc rien de la chasse, les cinq Mecitin sont chargés de tuer les 400 Mimixcoas pour que la Terre et le Soleil puissent s'en alimenter[7].
    Ce rôle régulateur est également lié à la légende des soleils, selon laquelle les dieux avaient successivement créé plusieurs mondes ou « soleils » qui furent chaque fois anéantis avec leurs habitants ; les sacrifices humains devaient apaiser les dieux afin qu'ils ne détruisent pas encore le monde actuel. Les Aztèques pensaient aussi que les sacrifices permettaient au Soleil de continuer sa course dans le ciel. Les sacrifices donnés en l'honneur du dieu Tlaloc devaient éviter la sécheresse et les inondations[8].

    Les sacrifices avaient en outre une fonction politique d'élimination des opposants et de maintien de l'ordre par la terreur[8]. En effet, l'Empire aztèque étant perpétuellement agité par les révoltes des cités tributaires, la répression de celles-ci donnait lieu également au sacrifice d'une partie de la population révoltée. Les grandes cérémonies exceptionnelles, où un très grand nombre de victimes étaient sacrifiées, servaient également à impressionner et terroriser les populations sous domination aztèque, qui étaient invitées, avec leurs dirigeants, à assister au sacrifice de milliers de prisonniers et d'esclaves.

    Légitimation de l'expansionnisme militaire

    Arthur Demarest a avancé la théorie, reprise dans de nombreuses sources, que la religion aztèque non seulement légitimait l'expansionnisme militaire, mais également que les sacrifices humains liés aux guerres de conquête seraient devenus un des principaux moteurs de l'expansion de l'Empire aztèque[G 10].
    Michel Graulich a objecté que seule la guerre fleurie avait pour but la capture de victimes à sacrifier et qu'elle n'était pas destinée à conquérir de nouveaux territoires puisqu'elle n'était organisée que contre les cités de la vallée de Puebla[G 10]. Les autres guerres étaient toujours motivées par d'autres motifs ordinaires, comme la suspension des échanges commerciaux.

    On ne connaît pas précisément l'ampleur totale des sacrifices dans l'histoire de l'Empire aztèque. Cependant, il est certain, au moins à partir du règne de Moctezuma Ier, que la religion aztèque pratiquait le rite du sacrifice humain de manière régulière et massive.

    Évolution historique

    Vers 1450, lors d'une période de famine très longue et intense, Tlacaelel[27] a instauré la guerre fleurie, une forme de guerre rituelle, où l'on s'efforce non pas de tuer mais de capturer les guerriers adverses pour les sacrifier, pour calmer la colère des dieux assoiffés de sang humain.
    À partir de cette époque, sous le règne de Moctezuma Ier, le nombre des sacrifices humains a pris de l’ampleur[12].

    Situation au XVIe siècle

    Les occasions de sacrifices étaient nombreuses car les guerres étaient fréquentes et les dieux innombrables : famine, sécheresse, inondation, départ à la guerre, couronnement, consécration d’un temple pouvaient faire l'objet de sacrifices.
    Hernán Cortés a estimé que 3 000 à 4 000 personnes étaient sacrifiées par an[28]. Le nombre de sacrifiés le plus important évoqué dans les chroniques apparaît dans le codex Durán, qui affirme qu'en 1487, pour célébrer la rénovation du Templo Mayor de Mexico-Tenochtitlan par Ahuitzotl, 80 400 captifs auraient été sacrifiés en quatre jours[G 40], même si ce chiffre est probablement exagéré[29] (le codex Telleriano-Remensis évoque quatre fois moins de victimes)[30],[31],[9].
    Les Aztèques procédaient à des sacrifices rituels lors de nombreuses cérémonies régulières, mais aussi plus ponctuellement, pour célébrer certains évènements ou se protéger de certaines menaces.